Carta a mí misma
¿A qué juegas? ¿De qué vas? ¿Cuánto estás dispuesta a aguantar? ¿Cuál es tu límite?
No eres tan fuerte como piensas que eres, no vales nada… quizá tú no te des cuenta, pero los demás ya lo han hecho por ti. ¿Quién te queda? ¿Quién te acompaña ahora mismo en tu soledad?
Estás sola.
¿De qué material estás hecha que aun estando destrozada por dentro no pides ayuda? Estás muerta por dentro y no eres consciente de ello. No tienes sentimientos, nada te duele, no eres capaz de sentir dolor… o si lo sientes no eres capaz de decirlo.
Llámalo orgullo, o llámalo soberbia… no eres tan fuerte, no puedes con todo.
Estás muerta por dentro.
Una vez alguien te dijo que no eras capaz de llorar, se equivocaba… lo que te pasa es que no eres capaz de reconocer que también lloras, y también sufres. Pero no tienes con quién compartir esos sentimientos, tampoco quieres… ¿Para qué?
Sufres, sí… pero nadie lo sabrá nunca.
¿Por qué no duermes por las noches? ¿Por qué tienes esas ganas de escapar? Siempre huyendo del dolor, es lo más fácil. Así nadie llega a conocerte, a saber cómo eres realmente por dentro…
Siempre huyendo de todo…
¿A quién le cuentas tus problemas? Quién está escuchando ahora mismo tus delirios… eres tan patética que te estás escribiendo a ti misma esperando encontrar “algo” que te reconforte.
¿Quién sabe que ahora mismo lloras?
No eres tan fuerte, no puedes con todo. No eres una roca… pero morirás como si lo fueras: endurecida por dentro, endurecida por fuera y sola en el abismo.
¡Despierta! ¿a qué estás jugando? Estás sola… siempre sola, muerta por dentro, vacía de sentimientos… o no, y nadie lo sabe.